alcanzó el 11,2% y cuadruplicó el nivel previsto para 2024
La situación financiera en Argentina está cada vez más complicada. De acuerdo con un informe de la consultora 1816, la morosidad en el crédito de las familias alcanzó un alarmante 11,2% en febrero, subiendo desde el 10,6% en enero. Esto marca el decimosexto mes consecutivo de aumento. Hablando en términos prácticos, esto significa que muchas familias están teniendo dificultades para cumplir con sus deudas, una situación que no se veía desde principios del 2000.
El panorama es aún más preocupante cuando miramos el ámbito de los hogares. El endeudamiento irregular no solo ha crecido; está en su nivel más alto desde 2004. Para que tengas una idea, desde octubre del año pasado, se multiplicó por más de cuatro veces, cuando estaba en apenas 2,5%. A nivel empresarial, la situación es similar: la morosidad pasó del 2,8% al 2,9%, mientras que en el total del sector privado subió de 6,4% a 6,7%.
Los altos niveles de morosidad están íntimamente ligados a un contexto económico complicado. A pesar de que algunos indicadores demuestran que la economía está en niveles elevados, la distribución desigual de los ingresos se hace evidente. Los salarios registrados han caído durante cinco meses consecutivos, alcanzando su nivel más bajo en 18 meses. Para complicar aún más las cosas, el desempleo sigue en aumento, registrando un 7,5% en el último trimestre, el número más alto desde la pandemia.
Este problema no es exclusivo de ciertas entidades. La irregularidad se registró en 28 de las 30 principales entidades financieras, lo que indica una problemática más amplia que no se limita a decisiones específicas de crédito, sino que responde a cuestiones macroeconómicas.
Además, estamos viendo un cambio en la matriz productiva. Sectores como el agro, la energía y la minería marcan el crecimiento, mientras que áreas que suelen generar más empleo, como la industria, la construcción y el comercio, muestran un desempeño a la baja, lo cual impacta directamente en los ingresos de las familias.
A raíz de esto, la producción industrial manufacturera cayó un 8,7% en febrero comparado con el año anterior, y en el primer bimestre, la contracción fue del 6%. El sector automotriz, por ejemplo, se desplomó en un 24%.
En este contexto, las tasas de interés siguen altas, lo que contribuye al aumento de la morosidad. Actualmente, la tasa de referencia del sistema está alrededor del 20%, pero las tasas de los préstamos personales son mucho más elevadas. En abril, esas tasas rondan el 70% en términos nominales a 30 días, lo que se traduce en un CFT efectivo cercano al 100%.
El problema se vuelve todavía más crítico en el ámbito del crédito no bancario. Aquí, la morosidad de los hogares ha llegado a 29,9% en febrero, un aumento significativo respecto a enero. Además, el impacto es más fuerte en aquellos sectores de menores ingresos.
Aunque el crédito no bancario representa unos 17% de los préstamos familiares, su efecto en la dinámica económica es considerable, especialmente dado el nivel de tasas que enfrentan los prestatarios. En este marco, con las reformas que parecen beneficiar a unos pocos y una economía que lucha por sostener el ingreso disponible, el aumento de la morosidad se convierte en una clara señal de alerta sobre las tensiones económicas actuales.